En varios lugares de Wacará el agua de los ríos corre lentamente, casi que se queda quieta. Allí los niños toman un baño, se refrescan, juegan y aprenden a nadar.
Los Kakua no viven en un solo lugar, caminan por la selva en pequeños grupos, cazando, pescando y recogiendo frutos silvestres. Su territorio es la selva, la cual conocen profundamente. No obstante, a principios de los años setenta, un grupo importante de Kakuas se agruparon en la comunidad de Wacará y se asentaron en ese lugar.
En Wacará hay una iglesia, fundada por
los misioneros del Instituto Lingüístico de Verano, y una maloca. En la iglesia tienen una planta eléctrica y, cuando el clima lo permite, los niños y niñas kakua se reúnen allí para ver televisión. En la iglesia también celebran ritos religiosos y estas como el
Día de la Madre. En la maloca se reúnen principalmente para celebrar y transmitir sus tradiciones, y para recordar a los antepasados y sus historias. Estos encuentros son acompañados por la música del yapurutú y del carrizo, y por la chicha, una bebida tanto cotidiana como ceremonial.