Intérpretes
Explicación y traducción: Hernando Perea Karijona
Lugar
La Pedrera, Amazonas.
Historia del espíritu de la selva
Hace tiempo la Madremonte vivía dentro del monte. En ese entonces, cuenta la gente, había tres personas: el esposo, la esposa y el hijo. No se conoce cómo ellos estaban, pero ahí estaban. Dijo el esposo, «Me voy a mariscar, me voy a cazar». «Bueno», dijo la esposa. Y después le dijo a la esposa, «Me voy para allá a mariscar y a pescar». Ahí estaban ellos, el esposo se fue a pescar, a cortar pescado. La esposa se quedó en la casa. Antes de irse, el esposo le dijo a la mujer, «Mija, me voy, cuando se apague mi lámpara, allá la llamaré yo, le gritaré: “Llévelo para allá, se apaga mi lámpara”, para eso se queda usted aquí». Y se fue el marido. Allá por el camino la esposa miró una luz que se apagaba, venía y venía alguien. «Eh! eh!», dijo alguien desde el monte. No era una persona la que le hablaba; no, era un animal. «Venga hijo, su padre lo llama», dijo la esposa. «Tal vez se estaba acabando la lámpara, vamos a mirar». La mamá tenía una lámpara y se fue entonces con el hijo a llevársela al esposo. Se fue y se fue... para allá donde dizque la lámpara del marido se apagaba. La lámpara de la mujer iba bien por el camino y parece que allá estaba el animal, tal vez escuchaba lo que la esposa y el hijo hablaban. Cuando llegaba donde estaba la luz se vino el animal hacia la lámpara de ella. El bicho sopló y apagó la lámpara de la mujer. El pobre hijo escuchó al animal, se asustó y subió encima de un árbol. Vino el animal hacia la mujer, la alzó y la llevó, la cruzó y jmm... metió a la finada dentro de un hueco grande en la tierra. Y después vino el papá por donde estaba el hijo, que lloraba y lloraba al pie de la cueva. Y después le dijo al hijo, «¿Qué está haciendo ahí?». «Nada», respondió el hijo, «¿Por qué usted está así?», preguntó el papá. «Mire, ese animal vino para acá y mató a mi mamá», dijo el hijo al papá. «Mmm... ¿dónde está?» Y se fue el hijo a la maloca adonde la familia a preguntar cómo se mataba al animal. «Buenas, ¿cómo están?», saludó el hijo. «Buenas», respondieron. «Me encontré algo malo, hombre», dijo el hijo. «¿Qué es?». «Un mal animal mató a mi mamá». «¿Dónde?». «Allá por el camino, ¿cómo hago para matar a ese animal?». «Sólo con ají se puede matar al animal», dijeron. El niño escuchó y volvió para avisarle al papá. «¿Con ají se muere?», preguntó el papá. «Sí», respondió el hijo. «Vamos, hijo», le dijo y se fueron. Llevó pescado y después allá llegaron otra vez donde la familia. «¿Ustedes tienen ají?», preguntó el esposo. «Sí, hay ají, mire, mire», respondieron. «Bien, yo quiero eso». Y amontonó el ají en un canasto. Y después dijo, «Vengan conmigo a matar al animal. Bueno, dijeron. Y regresaron al camino. Ahí está!, dijo el niño Y allá lo vieron ellos, estaba durmiendo. Lo arrastraron y lo empacaron en el hueco de la tierra. Y después ellos escarbaron ese hueco y ahí dentro metieron el canasto con el ají y rápido le echaron candela. Amontonado estaba el ají en el centro del canasto. Y después taparon el hueco. Dejaron el hueco pequeñito y se fueron. Bueno, vamos a ver si es cierto que este animal está muy potente; mató a mi esposa y ahora va a encontrar lo bueno, dijo el esposo. Los compañeros cortaron palo y dizque hicieron matapí. Amarraron el matapí al palo y llevaron todas las cerbatanas, garrotes, hachas, machetes, todo. La candela en el canasto creció y creció y se quemó. Entonces vino la humarada, puro ají. Lo soplaban con una hoja que era parecida al abanico hacia allá, hacia adentro. Y la Madre-monte se empezó a ahogar, estaba muriendo. Tal vez estaba borracho por el humo, dándole golpes a la cueva. Quería salir pero estaba tapado. Después ya no se escuchaba hablar. Bueno, vamos a mirarlo, dijeron. Se murió, dijo alguno. sí. Y después sacaron a la Madre-monte del hueco junto con su familia. Los hijos y la esposa de la Madre-monte, todos se murieron. Gracias, dijo el papá. Y se fueron ellos. ¿Ahora pa dónde nos vamos?, preguntó el hijo. Vamos para allá para donde está la otra gente, dijo el papá. Y se fueron ellos. Después esto se acabó, todo se acabó.
Historia del espíritu de la selva
Hace tiempo la Madremonte vivía dentro del monte. En ese entonces, cuenta la gente, había tres personas: el esposo, la esposa y el hijo. No se conoce cómo ellos estaban, pero ahí estaban. Dijo el esposo, «Me voy a mariscar, me voy a cazar». «Bueno», dijo la esposa. Y después le dijo a la esposa, «Me voy para allá a mariscar y a pescar». Ahí estaban ellos, el esposo se fue a pescar, a cortar pescado. La esposa se quedó en la casa. Antes de irse, el esposo le dijo a la mujer, «Mija, me voy, cuando se apague mi lámpara, allá la llamaré yo, le gritaré: “Llévelo para allá, se apaga mi lámpara”, para eso se queda usted aquí». Y se fue el marido. Allá por el camino la esposa miró una luz que se apagaba, venía y venía alguien. «Eh! eh!», dijo alguien desde el monte. No era una persona la que le hablaba; no, era un animal. «Venga hijo, su padre lo llama», dijo la esposa. «Tal vez se estaba acabando la lámpara, vamos a mirar». La mamá tenía una lámpara y se fue entonces con el hijo a llevársela al esposo. Se fue y se fue... para allá donde dizque la lámpara del marido se apagaba. La lámpara de la mujer iba bien por el camino y parece que allá estaba el animal, tal vez escuchaba lo que la esposa y el hijo hablaban. Cuando llegaba donde estaba la luz se vino el animal hacia la lámpara de ella. El bicho sopló y apagó la lámpara de la mujer. El pobre hijo escuchó al animal, se asustó y subió encima de un árbol. Vino el animal hacia la mujer, la alzó y la llevó, la cruzó y jmm... metió a la finada dentro de un hueco grande en la tierra. Y después vino el papá por donde estaba el hijo, que lloraba y lloraba al pie de la cueva. Y después le dijo al hijo, «¿Qué está haciendo ahí?». «Nada», respondió el hijo, «¿Por qué usted está así?», preguntó el papá. «Mire, ese animal vino para acá y mató a mi mamá», dijo el hijo al papá. «Mmm... ¿dónde está?» Y se fue el hijo a la maloca adonde la familia a preguntar cómo se mataba al animal. «Buenas, ¿cómo están?», saludó el hijo. «Buenas», respondieron. «Me encontré algo malo, hombre», dijo el hijo. «¿Qué es?». «Un mal animal mató a mi mamá». «¿Dónde?». «Allá por el camino, ¿cómo hago para matar a ese animal?». «Sólo con ají se puede matar al animal», dijeron. El niño escuchó y volvió para avisarle al papá. «¿Con ají se muere?», preguntó el papá. «Sí», respondió el hijo. «Vamos, hijo», le dijo y se fueron. Llevó pescado y después allá llegaron otra vez donde la familia. «¿Ustedes tienen ají?», preguntó el esposo. «Sí, hay ají, mire, mire», respondieron. «Bien, yo quiero eso». Y amontonó el ají en un canasto. Y después dijo, «Vengan conmigo a matar al animal. Bueno, dijeron. Y regresaron al camino. Ahí está!, dijo el niño Y allá lo vieron ellos, estaba durmiendo. Lo arrastraron y lo empacaron en el hueco de la tierra. Y después ellos escarbaron ese hueco y ahí dentro metieron el canasto con el ají y rápido le echaron candela. Amontonado estaba el ají en el centro del canasto. Y después taparon el hueco. Dejaron el hueco pequeñito y se fueron. Bueno, vamos a ver si es cierto que este animal está muy potente; mató a mi esposa y ahora va a encontrar lo bueno, dijo el esposo. Los compañeros cortaron palo y dizque hicieron matapí. Amarraron el matapí al palo y llevaron todas las cerbatanas, garrotes, hachas, machetes, todo. La candela en el canasto creció y creció y se quemó. Entonces vino la humarada, puro ají. Lo soplaban con una hoja que era parecida al abanico hacia allá, hacia adentro. Y la Madre-monte se empezó a ahogar, estaba muriendo. Tal vez estaba borracho por el humo, dándole golpes a la cueva. Quería salir pero estaba tapado. Después ya no se escuchaba hablar. Bueno, vamos a mirarlo, dijeron. Se murió, dijo alguno. sí. Y después sacaron a la Madre-monte del hueco junto con su familia. Los hijos y la esposa de la Madre-monte, todos se murieron. Gracias, dijo el papá. Y se fueron ellos. ¿Ahora pa dónde nos vamos?, preguntó el hijo. Vamos para allá para donde está la otra gente, dijo el papá. Y se fueron ellos. Después esto se acabó, todo se acabó.
