En 1988, un grupo de Nʉkak llegó a la población de Calamar, Guaviare. Venían semidesnudos, con sus caras pintadas y su cabello rapado; ni los colonos ni los indígenas de las cercanías entendían su idioma. Además, estaban enfermos, tenían gripa. Pero igual que ocurrió cuando los europeos llegaron a América en 1492, para estos indígenas la gripa era fatal: morían. Durante los primeros cinco años que siguieron a este encuentro, cerca del 40% de los Nʉkak murió de gripa y otras enfermedades que son comunes para el resto de los colombianos, pero para las cuales ellos no tenían defensas. Hasta ese año, los Nʉkak habían permanecido aislados de los demás porque así querían permanecer.
Los mayores de treinta años hablan solo en nʉkak, mientras que los jóvenes entienden y hablan castellano. Estudios recientes muestran la relación entre las lenguas nʉkak y kakua, que son inteligibles entre sí, y el wansohot (puinave).
Si quieres saber más sobre los nukak, Pide a los mayores que lean contigo